En este nuevo episodio del podcast de Antropología de la Vida Animal hablaremos de Animalidad y Palestina. Podéis escucharlo en nuestro canal de YoutTube, clicando en este enlace, y en las principales plataformas (Apple Podcast, Spotify, etc.). Ademas, aquí dejamos la versión escrita.

Antropología de la Vida Animal (AVA): Buenos días. Aquí estamos de nuevo en el podcast del Grupo de Antropología de la Vida Animal. Hoy vamos a entrevistar a Frasco. Él es activista por la liberación animal y total y también de la causa palestina. Vamos a hablar un poco de la animalidad y Palestina. Buenas tardes, Frasco.

Frasco: Buenas tardes. ¿Qué tal?

AVA: Cuéntanos sobre tus investigaciones y cómo conectas las luchas por la liberación animal y de Palestina.

Frasco: Llevo unos cuantos años centrado, sobre todo los últimos dos años, en el tema de la animalización y Palestina, en cómo se encuentra vinculado y cómo convergen el especismo y el racismo, en este caso el de Palestina. Las investigaciones que estoy haciendo se basan en lecturas de autores y autoras decoloniales, así como de palestinas antiespecistas y artículos académicos. También algunas investigaciones que se han realizado que no están vinculadas directamente, pero que son relevantes para la investigación. Y también analizando las redes sociales, ya que son un buen foco para sacar pensamientos sociales y comentarios.

AVA: ¿Podrías contar un poco esa conexión? ¿Cómo conectamos estas luchas de la liberación animal y de Palestina?

Frasco: Lo más explícito que se ha visto hasta ahora ha sido cuando, el siete de octubre, el ministro de Defensa israelí llamó animales a los palestinos en Gaza para poder justificar el genocidio. Eso fue como la parte más explícita y donde quizá la gente ha sido más consciente de esa animalización. Pero sí que es cierto que el especismo va mucho más atrás, en toda la historia de la colonización en general y de la colonización en Palestina en particular.

Partiendo de la base de que el eslogan sionista para justificar la colonización en Palestina era “una tierra sin gente para gente sin tierra”, en los activismos pro Palestina siempre se ha analizado esa frase como vendiéndose una especie de desierto. Pero creo que el matiz especista le da todo el sentido. Es decir, ¿a quién se le llama gente? Porque se sabe que había gente viviendo allí, había personas, había seres humanos. Pero el concepto de gente, el concepto de persona, es algo que solo se aplica a los seres humanos. Por consiguiente, ya se estaba animalizando al pueblo palestino por aquel entonces.

Y no solo eso, sino todo el aparato racista dentro del colonialismo, no solamente hacia los palestinos, sino también hacia la población colona. Por ejemplo, en los escándalos que han salido a la luz en los últimos veinte años, como que a las judías etíopes se les daban anticonceptivos o que a las yemeníes se les quitaba a los hijos. Hay más de cincuenta y seis mil bebés desaparecidos a día de hoy. Todo eso tiene que ver con procesos de animalización.

¿Dónde surge esto? En el dualismo humano-animal, que es en lo que se basa la sociedad hoy en día, donde la dominación se ve como una virtud inherente al ser humano y se premia cuanto más dominante eres. Al final se ha creado un sistema de dualismos, no solamente humano-animal, que considero la base de donde surge todo, sino también hombre-mujer, civilización-naturaleza e incluso razón-emoción.

Aquí entra el uso del lenguaje y cómo se entiende lo humano dentro de esa jerarquía social. Porque para la mayoría de la sociedad, si hablas de seres humanos, se da a entender que todos los homo sapiens son humanos. Pero el concepto humano es un constructo social que se crea en oposición a lo animal. Lo animal tiene que estar siempre en lo más bajo para justificar y sostener la jerarquía.

Dentro de esas posiciones, donde lo humano está arriba y lo animal abajo, dependiendo de los grados de humanidad que tengas, el humano perfecto sería el hombre blanco, rico, heterosexual, cis, con un cuerpo normativo y capacitado. Todo lo que no encaja en esa descripción se va acercando más a lo animal: las mujeres, las personas racializadas, las disidencias de género y sexualidad. Todo se coloca en una jerarquía donde el humano “perfecto” tiene derecho a dominar sin ser cuestionado.

AVA: De alguna forma el proyecto sionista israelí tiene una base colonial y especista, ¿no? ¿Cómo se entiende y cómo se presenta ese sionismo?

Frasco: Partiendo de la base de que ambas cosas surgen en Europa, tanto el constructo social de lo humano como el sionismo. El sionismo nace en Europa, inspirado por los movimientos nacionalistas europeos del siglo XIX y por la colonización. De hecho, en sus estatutos originales se presenta como proyecto colonial. No se plantea crear una nación judía en Europa porque desplazar población europea no entraba dentro de su lógica. Mientras que establecerse en Argentina, Kenia o Palestina se veía como algo totalmente normal. Tiene ese origen y se ha desarrollado de forma muy parecida al resto de colonizaciones del mundo, con la particularidad de que es un colonialismo tardío, del siglo XX. Hay casos similares, como Australia.

AVA: ¿Y cómo son estas violencias que atraviesan el sionismo y la animalidad? ¿Qué paralelismos podemos establecer?

Frasco: Paralelismos hay muchísimos. Se pueden dividir en diferentes grupos. Por un lado, a nivel psicológico, las fronteras conceptuales: del mismo modo que a los animales se les deja fuera de la ética y de la consideración, el sionismo deja fuera de consideración a la población palestina.

Por otro lado, la forma en que se construyen físicamente los espacios: vallados, vallas electrificadas, pinchos, control del movimiento, vigilancia constante. Israel invierte muchísimo en tecnologías de control, disfrazadas de seguridad, como el reconocimiento facial, que se testea en checkpoints palestinos.

Los checkpoints pueden ser móviles, para cortar carreteras o impedir acceso a universidades u hospitales, o fijos. Los fijos recuerdan muchísimo a instalaciones de mataderos: pasillos metálicos, paso de una persona en una, sin contacto, con una distancia física y conceptual que permite ejercer violencia sin sentirse mal.

AVA: Es esa idea que alguna vez has expresado de la carne y la ganadería como símbolo de dominación y colonización.

Frasco: Claro. El control del territorio pasa por el control de los cuerpos. A lo largo de la historia colonial, la ganadería ha sido clave para genocidios y limpiezas étnicas. No es casualidad que los países con mayor consumo de carne sean Estados Unidos, Australia, Argentina, Canadá, Israel, Chile o Brasil. Todos comparten cómo se han creado esos Estados: desplazando y aniquilando población originaria e introduciendo ganado.

Para la ganadería se necesitan muchísimos recursos y tierra, así que la forma más rápida de robar tierra es desplazar a la población e introducir ganado. Por eso resulta irónico cuando se acusa al veganismo de ser colonial, cuando el consumo de animales es profundamente colonial.

En el Estado español, por ejemplo, el consumo de cerdo también es una forma de dominación cultural sobre musulmanes y judíos, una exaltación del nacionalismo católico.

AVA: Aquí entra también el veganwashing de Israel, ¿no?

Frasco: Sí. Forma parte de un lavado de imagen que empieza en 2005 con Brand Israel. Dentro de ese plan están el pinkwashing, el greenwashing y el veganwashing. Se presenta como un país sostenible mientras lanza residuos a territorio palestino, como en Tulkarem, donde el porcentaje de menores con cáncer es enorme, igual que en animales callejeros.

Cuando el viento sopla hacia Israel, paran las fábricas. Cuando sopla hacia Cisjordania, continúan. Son conscientes de la contaminación.

En cuanto al veganwashing, desde 2013–2014 se empieza a hablar de Israel como el país más vegano del mundo. En 2017, el periodico Haaretz publicó que dos tercios de la población vegana eran palestinos, es decir, eran árabes-israelíes, como se les llama a los que son palestinos del 48. Aun así, Israel sigue siendo uno de los mayores consumidores de carne, especialmente de pollo.

Se habla del “ejército más vegano del mundo”, con botas veganas y menús veganos, pero eso no tiene nada que ver con liberación animal. Evidentemente es muy desmontable. Primero, porque ¿qué tipo de veganismo se promueve? Pues totalmente un mecanismo neoliberal de consumo, porque obviamente, se está haciendo un lavado de imagen, no se intenta incomodar, principalmente porque normalmente las personas veganas no solemos caer bien. Se promueve como un estilo de vida individual donde no se meten con nadie.

Y eso, por un lado. Y por otro lado, también es cierto que hay que tener en cuenta que, claro, al ser un Estado o al intentar crear un Estado basado en la religión… En una parte de la Torá se prohíbe mezclar lácteos con carne. Entonces sí que es cierto que hay más restaurantes vegetarianos, pero no porque sean vegetarianos en sí, sino porque no pueden mezclar carne con queso. Entonces se da esa lectura errónea. Y del mismo modo que tener muchos restaurantes mexicanos no significa que haya una población mexicana alta, pues aquí pasa algo parecido.

Y además de eso, Israel ha lanzado muchas campañas para reforzar esta imagen. En 2020, por ejemplo —no tengo ahora la fecha exacta— se anunció la prohibición del uso de pieles. Algo que es bastante absurdo, porque estamos hablando de un territorio mediterráneo, donde el uso de pieles no es necesario. No es Siberia.

Además, hay una excepción muy clara: uno de los sombreros tradicionales de un grupo de judíos ortodoxos de Europa del Este está hecho con piel, creo que de conejo, y eso queda fuera de la ley. Es decir, se prohíben abrigos de visón, que en un sitio como Alicante ya serían ridículos más allá del lujo, pero se mantienen símbolos religiosos hechos con piel. Todo esto forma parte del lavado de imagen.

Por otro lado, está el tema de la carne de laboratorio, que Israel vende como pionero. Pero no lo hace por una preocupación real por los animales. Si tenemos en cuenta la geografía de Palestina, el clima y el tamaño del territorio —más o menos como la Comunidad Valenciana—, no hay recursos suficientes para mantener el consumo de carne que tiene Israel.

Los animales que se consumen vienen de Colombia, Brasil, España, Argentina, Australia… Se envían en barcos durante meses, lo que tiene un coste enorme. Por eso, dentro de esta lógica colonial, les sale más rentable invertir en carne de laboratorio que seguir importando animales. No es una cuestión ética, sino económica y estratégica.

Y luego está ese veganismo neoliberal que se promueve como estilo de vida individual, sin incomodar a nadie. Porque, claro, normalmente las personas veganas no caemos bien. Entonces se evita cualquier crítica estructural.

Y otra forma muy clara de desmontar este discurso es mirar los datos: si Israel fuera realmente el país más vegano del mundo, ¿en qué posición está en consumo de animales? En pollo suele estar entre los tres primeros, y en carne general entre el cuarto y el sexto puesto. Entonces, claro, algo no cuadra.

Collage de Laura Hermoso

Collage de Laura Hermoso

AVA: Claro. Y aquí aparece otra pregunta importante. Sabiendo que ocurren estas opresiones, tanto hacia animales no humanos como hacia humanos, en este caso el pueblo palestino, ¿cómo se estructura esa disonancia cognitiva? ¿Cómo es posible ver lo que pasa y que no nos afecte? ¿Y cómo podemos canalizar las luchas para intentar hacer algo?

Frasco: Buena pregunta. No tengo todas las respuestas, obviamente. Pero desde lo que he leído, investigado y observado, hay varios elementos. Por un lado, todo el tema del lenguaje y de cómo se ejercen estas opresiones, no solo físicamente sino también de forma verbal.

Cuando las personas antiespecistas intentamos concienciar sobre la violencia hacia los animales, muchas veces nos encontramos con esa soberbia de “la ley me permite hacerlo”. Esta respuesta, muchas veces, nos la encontramos las personas veganas cuando estamos intentando exponer cómo nos sentimos, o la violencia en la que se está participando, incluso cuando lo hacemos de una manera asertiva y completamente empática. Partimos de un sistema basado en la dominación, y mucha gente no se concibe a sí misma sin dominar.

Esto lo vemos constantemente: te responden con indiferencia o incluso jactándose. Comentarios como “pues tú no comes carne, yo voy a comer el doble”. Son respuestas infantiles, pero revelan esa soberbia.

Ese mismo comportamiento se encuentra en el sionismo y en parte de la sociedad israelí cuando se plantea no ejercer violencia contra la población palestina. Durante estos dos años de genocidio, el debate ha llegado a las televisiones israelíes, a los platós, y se ha visto a presentadores y periodistas jactándose abiertamente de la violencia. Se ha dicho en televisión que lanzarían una bomba atómica en Gaza, o que los derechos humanos no importan.

Este comportamiento es el mismo: cuando se toca una parte central de tu identidad y te genera incomodidad, reaccionas con agresividad. La opresión animal forma parte de la identidad especista, y la opresión palestina forma parte de la identidad sionista.

Lo vimos hace poco con un caso que parece absurdo, pero es muy ilustrativo: el de un perro perdido tras un accidente de Iryo en Córdoba. Una chica pidió ayuda para encontrarlo y en redes aparecieron comentarios del tipo “primero las personas”. ¿Por qué surge esta reacción? Porque preocuparte por un animal ataca los cimientos de esa jerarquía donde lo animal debe estar siempre abajo.

Y estamos hablando de un perro, un animal con mucho carisma social. Aun así, genera rechazo. Porque no entra en la lógica de esa jerarquía.

AVA: De hecho, muchas veces cuando te preocupas por los animales te dicen “¿por qué no te preocupas por las personas?”, y cuando saben que te preocupas por Palestina, suelen ser las mismas personas que no se preocupan por ninguna causa solidaria.

Frasco: Exacto. Es una contradicción solo aparente. En realidad tiene que ver con los grados de humanidad. Siempre te van a decir por quién deberías preocuparte. Si te preocupas por Palestina, te dirán que te preocupes por la gente de tu país. Si te preocupas por asesinatos en fronteras, te dirán que te preocupes por quienes no tienen casa.

Siempre habrá una vida considerada más importante que otra dentro de esa jerarquía.

AVA: Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Qué acciones concretas se pueden emprender? Tanto a nivel de BDS como desde los temas que hemos hablado.

Frasco: Desde 2005, la sociedad civil palestina, a través de muchas organizaciones, impulsa el movimiento BDS: Boicot, Desinversiones y Sanciones. No se trata solo de no consumir productos israelíes, sino también de boicotear empresas que se benefician del apartheid y de los asentamientos ilegales.

También existe el boicot artístico. Muchos artistas israelíes firman contratos con el Ministerio de Exteriores comprometiéndose a actuar como embajadores de Israel a nivel internacional. Lo hemos visto con Eurovisión, pero también con grupos como Mayumana o Noa, que han recorrido el mundo vendiendo una imagen positiva del país.

En el ámbito del consumo vegano, se habla mucho de marcas como Alpro o Heura. En el caso de Heura, por ejemplo, hay inversiones indirectas de fondos vinculados a personas sionistas, pero es algo muy indirecto y difícil de controlar. A mí me molestó mucho cómo se atacó al movimiento vegano por esto, mientras que empresas como McDonald’s o Starbucks, que basan su negocio en la explotación animal y han apoyado abiertamente el genocidio, apenas recibieron atención.

Parecía que cuando la conexión entre explotación animal y genocidio era directa, no interesaba. Pero cuando se podía atacar al movimiento antiespecista, ahí sí.

AVA: Y en Palestina, ¿existe un movimiento antiespecista activo? ¿Refugios, santuarios, redes como Vegans for Palestine?

Frasco: Sí, existe. En Gaza, por ejemplo, hemos visto a personas alimentando animales callejeros incluso cuando ellas mismas pasaban hambre. También hemos visto a personas desplazándose con los animales con los que vivían, compartiendo tiendas.

Uno de los grupos más importantes es Sulala, que nace en 2006. Es prácticamente una familia. El 8 de octubre de 2023, uno de sus voluntarios, un chico de 18 años, fue asesinado en un bombardeo. Sulala ha trabajado mucho con perros callejeros, concienciando a niños y niñas sobre que los perros tienen miedo y no son peligrosos, algo muy importante en un contexto donde el ejército israelí utiliza perros para atacar a la población palestina.

Gaza se convirtió durante años en un laboratorio donde Israel testaba armas. Eso afectó tanto a personas como a animales. Muchos perros perdieron extremidades y no podían caminar. Sulala llegó a fabricar sillas de ruedas con ruedas de carro. En 2023 lograron construir un refugio para más de cien perros, que fue destruido durante el genocidio.

En Cisjordania está Baladi, un equipo de rescate animal. Conseguir terrenos para refugios es muy complicado por el control israelí y los asentamientos ilegales. Por eso trabajan mucho con casas de acogida, apoyando a voluntarias con el tema de la manutención y demás, hasta que consiguen adoptante. También hay otras personas a nivel individual, que  están llevando a cabo acciones con los demás animales.

AVA: Para ir cerrando, ¿podrías recomendar algún libro o autor, y decirnos dónde seguirte o contactar contigo?

Frasco: No hay un libro específico sobre Palestina y antiespecismo. Lo más cercano sería «Racismo como brujería zoológica» (de Aph Ko)  y Aforismos, de Achille Mbembe. Aunque no hablan de Palestina directamente, ayudan mucho a entender estos procesos y se pueden extrapolar.

Si alguien quiere contactar conmigo, puede hacerlo en Instagram: @frascfz Y el correo es fraskofz@protonmail.com

Si alguien quiere recomendaciones, lecturas o fuentes, sin problema me puede contactar.

AVA: Muchísimas gracias, Frasco, por esta conversación.

Frasco: Gracias a vosotras por tener en cuenta el tema y por invitarme. Ha sido un placer.

AVA: Muchas gracias y hasta la próxima.